Futbol

Por siempre, Pepe

Nicolas Leiva | 8 de enero de 2018

Aunque sea un “hasta pronto”, el pueblo de Lanús ya extraña a José Sand. El deseo supone que el fútbol lo vuelva a encontrar con el Granate en el futuro quebrando ese récord y la hinchada vuelva a quebrar su garganta gritando sus goles.

Ayer el mundo Lanús se enteraba de la noticia que nadie quería escucha: Sand, el tercer goleador en la historia del club (al menos por ahora), hizo pie en Colombia para firmar con quien será su nuevo club.

Algunos dicen que José es una leyenda. Pero no. La definición más cruda y primitiva de la palabra nos indica que es un hecho estoico del pasado y Sand, por siempre Pepe, era un presente en plenitud. Claro que las casualidades no existen, porque desde el plantel subrayan siempre su fiereza a la hora de entrenar. Del dicho al hecho, hasta los jóvenes parecían deslucirse ante su presencia.

Testarudo como lo era en el verde césped, también lo fue afuera. Aunque esa es otra historia que dará tela para cortar, más aún si el equipo de Carboni no tiene un arranque solemne y convincente. En un año político, las deslealtades, los engaños, las mentiras públicas, los agravios y las broncas salieron a la luz de la peor manera. No es necesario ponerse de un lado ni del otro. Tal vez ninguno tenga la verdad absoluta, por eso mismo se exige que se den respuestas de por qué hubo un desparrame de acusaciones sin sentido y no un consenso puertas para adentro, con seriedad. Si nunca la sabremos, nadie podrá exigir que el pueblo elija colocarse de un lado o del otro con la sabiduría de la mente. Defender a Sand sale de nuestro corazón.

Llevo en mis pupilas aquel gol ante Gimnasia y el de la Bombonera. La hinchada se partía las manos aplaudiendo a aquel que vino del más chico del barrio para ser campeón. Sus chispazos con la comisión en su ida y en la vuelta al país lo alejaron un tiempo, siguió convirtiendo y los medios le pusieron un cliché: “Aquel que le grita los goles a todos sus ex clubes”, pero llegó aquel día en Mar del Plata, un verdadero punto de inflexión. Y no lo hizo. El gol más mudo y triste de su carrera. Cabeza agacha, como nunca antes lo habíamos visto.

La historia dirá que volvió entre críticas de vejez, lloró de emoción y, fue goleador de todo lo que se jugó, siendo sistemáticamente aplaudido por algunos que luego le dieron la espalda. Tal como hicieron con Maxi; Así como hicieron con el olvidado Pelletieri.

Sólo un ídolo de verdad puede hacer que algunos, ni mal ni bien, intenten fragmentarlo en jugador y persona. Como si no hubiera homogeneidad. Como si no fuera su tozudez y rebeldía lo que nos hizo enamorarnos de él. Sólo un ídolo de verdad puede quebrantar los cimientos más puros del corazón humano, generar empatía y ser vigente a los 37 años. Sólo un ídolo de verdad puede hacer que se sienta la pérdida de un hermano.

Hasta siempre, negro querido. Espero que el fútbol nos vuelva a encontrar. Vos quebrando ese récord y nosotros, quebrando nuestras gargantas. Serás eternamente Pepe, de corazón.