Futbol

Nunca caminarás solo

Nicolas Leiva | 3 de enero de 2018

Paradójicamente, el club por el cual nos rompemos el alma defendiendo cada segundo de nuestras vidas, nació un 3 de enero. Tercer día, justo cuando la vorágine y resaca de las fiestas comienza a hacer mella en nuestro organismo. Como quien no quiere la cosa, un nuevo año amenaza la rutina del anterior, lo deja en el olvido reciente, en la más sentida nostalgia.

Este no es un día más. Definitivamente, es especial. Porque llegamos a la cima futbolística, porque casi tocamos el cielo con las manos. Como aquella campana en los juegos de escalar, cuando por fin tirás el manotazo hacia ella y perdés la estabilidad. Y caes. No importa si con arnés o directamente al precipicio. Caes como cada vez que recordás aquel cabezazo de Braghieri en el Arena Do Gremio. Y que distinto podría haber sido todo, ¿no? Tan cerca de fin de año, y tan cerca de la gloria.

Aunque también, tan a tiro de un nuevo año. De una nueva ilusión. De un renacer. Creeme que lo sé. Que te escucho. La renovación y los fines de ciclo no son lo mejor para un tipo golpeado. Las despedidas tampoco y, hasta a veces, las bienvenidas no son lo mejor. Fijate que Lanús sigue estando más allá de todo. El destrozado estado de ánimo se aliviará cuando pisemos la Fortaleza.

Si de algo te sirve, hoy cumplimos años. Y Lanús, en especial, tiene una característica: No camina a ciegas, siempre va acompañado, no trota sin mirar a los costados y se levanta cada vez que cae. Lanús no niega su historia, no reniega de ella ni la olvida. Mira al pasado para hacer pie en la lona, y sus ojos brillan al mirar un futuro teñido de color granate. Nuestra virtud más importante es, en esencia, poder mirar al pasado aunque duela, aunque desgarre, e inflar nuestro pecho de orgullo.

Y si confiamos, si nos esperanzamos una vez más con la gloria, si seguimos luchando contra la corriente, si vamos todos juntos una vez más, te aseguro que la cicatriz va a cerrar antes de lo que imaginás Decile feliz día al amor de nuestras vidas. Tal como susurran los pasillos de Wembley: jurale miles de veces que nunca, pero nunca, va a caminar solo.