Futbol

Mirá que distintos somos

Christian Alonso | 14 de abril de 2018

Lanús fue de mayor a menor y terminó igualando ante un Banfield que ni se inmutó por mover el resultado. El Granate jugó un gran primer tiempo, pero no encontró respuestas en el segundo y el clásico terminó en un aburrido 0-0. La gente bancó a los pibes y despidió con aplausos al equipo.

Lanús y Banfield vienen diferenciándose hace ya bastantes años. Y esto no quiere decir que la cantidad de títulos o de hinchas, los manejos dirigenciales y la actualidad social de uno se le pueda echar en cara al otro. O sí, por qué no, si el club de Arias y Guidi es un excelente combinado de lo anteriormente citado (aunque últimamente pueda fallar en algunas de cuestiones). Para empezar, y poniéndole picante a una semana que ya estaba caldeada de antemano, Eduardo Spinosa -pope del Taladro- dejó en claro que la intención de Banfield es diferenciarse de Lanús. Y por si en estos últimos años donde el Granate obtuvo cuatro títulos más de los dos que ya tiene y casi corona su mejor etapa futbolística recorriendo el continente no quedó claro, Lanús y Banfield no se parecen en nada. Y esta tarde en la Fortaleza, quedó más claro que nunca.

Uno salió a jugar el primer tiempo con un equipo que aún no encuentra el rumbo, pero que tiene sangre de sobra para afrontar un clásico. Los pibes del Granate se comieron la cancha en los primeros minutos y Lanús se hizo claro dominador del encuentro en tan solo unos minutos. ¿Banfield? Ni podía agarrar la pelota. De hecho, ya en la primera mitad, todos los jugadores se tomaban su tiempo para volver a poner el balón en movimiento. ¡Imagínense en el segundo!

Todo el fútbol de Lanús pasó por los pies de Lautaro Acosta, que no gravitó demasiado, pero que fue el artífice de la única polémica del partido: ¿Lo derribó Civelli adentro del área? El jugador de Banfield parece tomarlo arriba, pero para Delfino no hubo penal. Amén de dicha jugada, Acosta tuvo una clara que Arboleda le sacó en la línea. Nicolás Pasquini y un tiro libre en el travesaño fueron lo más destacable del primer tiempo, junto con un cabezazo muy débil de Bruno Vides. 

En el complemento, Banfield se animó un poco más (como si en el primer tiempo hubiese hecho algo) y comenzó a tener la pelota. El Grana, preparado para el contraataque, buscó explotar a Marcelino Moreno por la derecha, que fue lo mejor del equipo en el ST. Miles de centros llegaron al área a través del mendocino, aunque ningún centrodelantero aparecía para cabecear o definir con precisión (Sand las mandaba todas a guardar). Vides, luego de una patriada de Acosta, tuvo la única chance clara del complemento, pero en lugar de abrirla para que Moreno defina en soledad, ejecutó un disparo que se fue al último escalón de la tribuna Solito. ¿Y Banfield? Dejando correr los minutos, con jugadores que fingían dolores en el suelo para que el tiempo se apresure y el final llegue más rápido -de hecho así fue, porque Delfino sólo adicionó tres minutos-.

Empate con sabor a muy poco, porque Lanús mereció más, pero no encontró respuestas ni en los cambios -cuestionables, puede ser-. Barrientos no aportó al juego y Di Renzo, que no tiene la culpa, no es un nueve de área. Aunque haya aportado poco desde su estancia en el Granate, muchos se preguntaron por qué no entró Denis. Carboni debe tener la respuesta.

Lo cierto es que el Grana fue el único equipo que se interesó por mover el cero en el marcador. Por algo ambas instituciones son muy diferentes en tantos aspectos. Párrafo aparte para la gente del Grana que llenó el Díaz Pérez, alentó al equipo de Carboni durante todo el partido y despidió a los pibes con aplausos. Y netamente destacable el gesto de la dirigencia de Lanús para desearle una pronta recuperación a Julio César Falcioni, entrenador de Banfield. Otra razón más para diferenciarse de aquellos que no quieren parecerse al único grande del Sur.