Futbol

Ídolos de Barr(i)o

Christian Alonso | 3 de enero de 2018

Al igual que sucedió con la salida de Agustín Pelletieri hace unos meses, la no renovación del contrato de Maximiliano Velázquez despertó tristeza y polémica en otros ídolos y en el pueblo Granate. ¿Se manejaron de forma correcta o desafortunada con él?

Alguna vez, un importante y reconocido dirigente que tuvo Lanús dijo que el presente de disfrute en el que el club se encuentra inmerso en estos últimos tiempos es la cosecha de años y años de siembra de esfuerzo de muchas personas. Lógicamente, eso necesitó de un sinfín de manos preocupándose y ocupándose de que cada acontecimiento surgido en la institución, por más mínimo que fuese, resulte provechoso para un futuro no inmediato. El problema radica en que todo el trabajo realizado por miles y miles de personas, y en décadas de sacrificio y dedicación, puede ser tirado por la borda en muy poco tiempo y por la negligencia de algunos pocos.

Es cierto que la gloria, los títulos y aquellas cosas que realzan la grandeza de un club son las primeras que se graban en la memoria de uno y despiertan el clamor popular del hincha. Ese puesto en Lanús está totalmente cubierto hace varios años, producto del avance inquebrantable de la institución; pero hay una deficiencia persistente que volvió a quedar expuesta luego de la desacatada salida de Maximiliano Velázquez, uno de los jugadores más reconocidos del club en toda su historia: el trato a los ídolos.

“Sentí bronca y enojo. Me hubiese gustado que mi salida sea otra, pero ya es una etapa cerrada”. Esas fueron las palabras del jugador con más presencias con la camiseta del Granate dentro de un campo de juego, luego de que Nicolás Russo le comunique que no le renovarán su contrato -vencido el 31 de diciembre pasado-. Algo parecido había sucedido con Agustín Pelletieri, otro histórico del Grana, seis meses antes. Y salvando las distancias, con idas y vueltas de ambas partes, algo similar ocurre cada vez que la CD negocia la continuidad de José Sand -como ahora-.

Si bien hay algunas opiniones encontradas sobre Velázquez -que lo relacionan en mayor medida con aquel traspaso a Independiente y un grito de bronca tras anotarle un gol a su ex equipo-, nadie podrá negar que fue uno de los jugadores más significantes en la historia de Lanús. No sólo obtuvo cinco de los seis títulos que el club posee, sino que fue determinante en la mayoría de ellos, siendo uno de los pilares de cada equipo y funcionando como líder dentro y fuera de la cancha. Tal vez mantener el nivel cargando con la mochila de los años a cuestas haga las cosas un poco más complicadas, pero “jubilarlo” sin la posibilidad de que el hincha demuestre su agradecimiento y empatía para con él, es una falta de respeto. Y la falta de respeto no es sólo hacia el jugador, sino también para el hincha que aprendió a reconocer sus virtudes y valoró su rol de guardián hacia los logros deportivos e institucionales del club dentro del vestuario.

Errar es humano, pero repetir los errores a veces puede ser lapidario. “No nos cayó bien la noticia por la forma en la que sucedió. Conociéndolo, él también está dolido. Me parece que están errando con su salida y la de Pelletieri, los dirigentes se han equivocado”, salió a defender el Laucha Acosta. Y otro histórico, que está a unos pocos gritos de ser el máximo goleador de la institución, también salió al cruce: “Necesito seis meses más de buen nivel para que me renueven en el club si no te pasa como a Pelletieri y a Maxi”, retrucó el Pepe Sand, que, preocupado -y enojado- por atravesar una situación parecida, se marcharía del club.

¿Poco tacto dirigencial de la situación? Puede ser. Pero hay ciertos baluartes que merecen un trato especial. O, en el caso de que se termine una etapa, al menos una salida digna. Ah, el dirigente citado al principio era Emilio Chebel, un hombre que, de velar por los valores del club, sabía bastante.