Futbol

Crónica de una temporada agitada

Ramiro Speranza | 2 de junio de 2018

Momento de analizar una temporada que tuvo de todo: de la final de la Copa Libertadores a apenas tres triunfos en el segundo semestre, pasando por la ida de emblemas y la subida de varios chicos de las inferiores. Engranados te invita a analizar los principales factores que marcaron el rumbo de Lanús en este año deportivo que acaba de culminar.

Un año deportivo tan movido como el que culminó hace pocos días, merece su balance. En Arias y Guidi es tiempo de sentarse y recordar lo que fue la temporada, para que lo hecho sirva para potenciar lo que vendrá. Una campaña que comenzó de forma memorable, con lo que fue la histórica participación en la Copa Libertadores, y que tuvo otro contraste en el plano local, donde los resultados no se dieron y pusieron al Granate en una situación incómoda de cara a lo que se viene. En el medio, la idea de varios emblemas, la subida de juveniles al primer equipo, la falta de refuerzos y momentos muy buenos y muy malos son algunos de los factores que marcaron el rumbo del equipo.

El primer semestre de la temporada quedará, sin dudas, en el recuerdo de todos los hinchas por la histórica participación en la Copa Libertadores, donde el equipo dejó en el camino a grandes rivales con partidos heroicos e inolvidables, como el 4 a 2 a River, y alcanzó la final del torneo, cayendo lamentablemente ante el Gremio de Brasil. Dada la prioridad que se le dio al plano continental, a nivel local los resultados fueron bastante irregulares, con cuatro triunfos, un empate y seis derrotas. Pese a esto, en este periodo de tiempo se dio la única racha de victorias -cuatro en total- que tuvo Lanús a lo largo del campeonato, algo que marcaría lo mala que fue la campaña a nivel local en este año deportivo.

Pero también, la primera parte de la temporada fue protagonista de un hecho triste para todo Lanús. Jorge Almirón se despidió como entrenador del Granate, tras el empate ante Vélez por el torneo local, en una Fortaleza que lo ovacionó y en un clima de melancolía por la partida de un entrenador que obtuvo nada menos que tres títulos en dos años, siendo el más ganador en la historia de la institución de Arias y Guidi. Tras esto, fue Ezequiel Carboni, como se venía asegurando desde el arribo de Almirón al club, quién asumió como su reemplazante. El primer partido del nuevo entrenador fue el último del semestre ante Chacarita, uno de los equipos más débiles de todo el campeonato, y quien terminaría descendiendo a la B nacional, con derrota 3 a 0, un resultado que marcaría un poco lo que vendría en el segundo semestre.

La segunda mitad del año arrancó de forma muy movida en Arias y Guidi, a raíz de la salida de varios emblemas del plantel. En primera medida fue Maximiliano Velázquez, el jugador con más presencias en la historia de Lanús, a quién, en un hecho más que polémico, no le fue renovado su contrato; a éste le siguió José Sand, quién emigró a Deportivo Cali usando la cláusula de salida de su contrato en medio de una batalla de egos con Nicolás Russo, donde el único que salió perdiendo fue el club; y sumándose Diego Braghieri quién, cansado de esta situación que se estaba viviendo, decidió abandonar la institución e irse a Atlético Nacional de Medellín. En medio de todo esto, se le comunicaba a Román Martínez que no iba a ser tenido en cuenta en el equipo. Dado que no consiguió emigrar en el mercado de pases, siguió entrenando en Arias y Guidi, siendo utilizado incluso en algunas ocasiones por Carboni. Sin embargo, en los últimos partidos ya ni siquiera formó parte de la lista de concentrados y terminó despidiéndose de los hinchas ingresando en el entretiempo del último encuentro de Superliga ante Atlético Tucumán, habiendo recibido minutos antes una plaqueta en el edificio de Arias y Guidi en otro hecho bastante discutible, siendo que los reconocimientos, generalmente, se dan dentro de la cancha.

Sumando la salida de otros jugadores, que cumplían un rol de recambio en el equipo, y dada la falta de refuerzos -el único que llegó fue Nehuen Paz, procedente del Bologna-, el entrenador se vio obligado a subir a muchos juveniles, quienes debieron madurar sobre la marcha y demostrar desde el minuto cero, lamentablemente por la fuerza, que tenían que mostrar resultados. Con el pasar de las semanas, algunos de estos chicos fueron denotando un gran nivel -Gastón Lodico y Tomás Belmonte-, convirtiéndose hoy en titulares casi indiscutibles, mientras que otros, pese a que siguen siendo importantes promesas de cara al futuro, no mostraron un nivel superlativo que los catapulte, como los casos previamente mencionados, a la titularidad en el equipo -como pueden ser los casos de Nicolás Thaller y Enzo Ortíz-. Pese a que se podría considerar que el recambio, dado los casos positivos que tuvo, fue beneficioso, y pese a que fuera necesario, sin dudas se realizó de forma desprolija y se trató de uno de los grandes causantes de lo que sucedería en materia de resultados en el segundo semestre.

El 2018 arrancó con un Lanús con el torneo local como máxima prioridad. Sin embargo, también tuvo lugar para el plano continental, avanzando de fase en la Sudamericana tras vencer a Sporting Cristal -victoria 4 a 2 en la ida y derrota 2 a 1 en la vuelta-. En la Superliga, y pese a que el nivel fue de menor a mayor, los resultados no fueron para nada los esperados, siendo una de las peores campañas en los últimos años. Dos victorias, diez igualdades y cuatro caídas fueron los resultados en este segundo semestre, donde el equipo sumó apenas un punto por partido. ¿Los números finales del Granate en el campeonato?: 29 puntos sobre 81 en juego, con una efectividad del 35% producto de seis victorias, once empates y diez derrotas, donde sumó 20 goles -promedio de 0,74 por encuentro- y recibió 37 -promedio de 1,37 por partido-. Estos resultados no sólo hacen que se dependa de las dos copas a disputar en el próximo semestre para mantener la racha de 13 años clasificando a competiciones continentales sino que, además, se mire al futuro con cierta preocupación, ya que el club arrancará la próxima temporada a nada menos qué 13 puntos del descenso.

En torno a individualidades hay algunos números a destacar. En primera instancia lo de Nicolás Pasquini, quién volvió a ser, al igual que la temporada pasada, el jugador de mayor presencia con la casaca Granate, obteniendo en el plano local la suma de 1896 minutos en juego, seguido de Iván Marcone y Esteban Andrada. También es para remarcar la tabla de goleadores del equipo en el ámbito local ya que, dada la falta de eficacia, fue José Sand con cinco goles quién lideró el podio, pese a que no forma parte de la institución desde hace seis meses y que en la Superliga apenas disputó seis partidos. Por último, resaltar la constante labor de Lautaro Acosta, y no porque haya alguna estadística especial que lo destaque, ni números que engrandezcan su ya enorme figura, sino por haber sido el jugador que se puso al hombro todo lo que pasó en Lanús esta temporada, desde lo bueno hasta lo malo, y también por seguir poniéndose en la espalda absolutamente todo lo que sucede en el club a nivel deportivo, renovando ese amor que él tiene habiendo firmado por 3 años más para seguir deleitándonos a todos.

Las temporadas son muy largas y en el fútbol, como en la vida, hay que tener constancia. Y eso no llega solamente por lo que uno puede hacer cuando ruede la pelota, durante los 90, sino también por el trabajo que se hace los otros 9900 minutos de la semana, cuando los ojos no están puestos en el verde césped. Culmina un año deportivo que, en lo bueno y lo malo, será recordada por todos. Que sirva para potenciar lo que se viene. Es hora de reflexión, análisis, planificación y acción, de cara a lo que será una temporada más que difícil para Lanús.